A los 16 años, Edith fue deportada a Auschwitz junto a su familia; sus padres murieron en la cámara de gas el mismo día que llegaron. Para sobrevivir, bailó para el "Ángel de la Muerte", el médico nazi Josef Mengele, y ese momento marcó el inicio de una lucha de décadas por sanar el trauma. Décadas después, convertida en psicóloga y discípula de Viktor Frankl, transformó su historia en un mensaje sobre la capacidad de elegir cómo enfrentamos el sufrimiento.
